[por Aníbal Ignacio Faccendini] La sociedad en la que todos vivimos muchas veces oblitera o expulsa al pobre y no a la pobreza. La discriminación al pobre es facilista y criminal. Más aún, es de una vulgaridad inhumana atroz.

La pobreza no es un acto, es un proceso de deterioro social, económico, espiritual y psicológico que victimiza a una parte importante de la humanidad. En definitiva es un proceso que le quita geografía a la vida.
La pobreza es el hambre de todo, sin ninguna satisfacción y mucha humillación. La sociedad en la que todos vivimos muchas veces oblitera o expulsa al pobre y no a la pobreza. La discriminación al pobre es facilista y criminal. Más aún, es de una vulgaridad inhumana atroz.
Se ha naturalizado y normalizado la pobreza, naturalizado porque se cree que pobres hubo y habrá siempre, entonces es natural. Y normalizado porque hay convicción de que es una regla: el que nace pobre, tiene portación social de ello, entonces mayoritariamente seguirá siendo pobre. Hay una suerte de profecía colectiva autocumplida.
El mal sin pasión de Sarmiento o la banalidad del mal de Arendt encuentran en la naturalización de la pobreza su máxima expresión. La desposesión de lo necesario para vivir de un ser humano sólo se produce en nuestra especie. No hay pobreza en la naturaleza. Hay realidades y supervivencias, pero no situaciones consolidadas de indignidades perpetuas como la indigencia. Nadie elige ser pobre. Nadie elige el dolor. La pobreza constituye pobres y no los pobres constituyen pobreza. Debemos ser solidarios y ayudar y proteger a nuestros prójimos pobres de la pobreza.
La humanidad muchas veces ha avanzado llegando. Llegó a objetivos emancipadores en casos muy importantes. En la primera Modernidad (Renacimiento hasta la Revolución Industrial), el feudalismo que generaba servidumbre humana, tuvo que ceder y así avanzó la humanidad hacia una nueva era: una sociedad sin siervos de la gleba. En la segunda Modernidad (hasta la caída del Muro de Berlín), Haití en su Constitución de 1801 abolía plenamente la esclavitud (tanto la trata como el trabajo esclavo). La Asamblea del Año XIII en nuestro país declaró ilegal la esclavitud y estableció la libertad de vientres, rompiendo así, con la portación biológica de una situación social impuesta a un hombre, por otros hombres. Inglaterra la va a abolir en todas sus formas en 1833, Francia 1849, Estados Unidos en 1865, Puerto Rico 1872 y Brasil en 1888. Luego vamos a ver que en la segunda Modernidad fue constituyente de los derechos económicos sociales de las personas y de los derechos humanos. Ya en nuestra tercera Modernidad o Neomodernidad (fines del siglo XX a la actualidad) la tarea es la de amparar al pobre, ilegalizando la pobreza.
Actualmente en el mundo se ilegaliza al pobre y no a la pobreza. Lo podemos ver en los refugiados sociales de Lampedusa. En los movimientos migratorios. En nuestro mundo. No se nace pobre, se hace pobre. La pobreza es productora de desamparos. Sin embargo, la situación de pobreza en el mundo sigue incólume. Nos lo indican también las tres mil millones de personas en esa situación, es decir más del 40 por ciento de la población mundial viven en un ámbito no querido, no deseado. Nos están reclamando que les restituyamos su ciudadanía. En el mundo también podemos ver para comprometernos por el bien común, que 1.500 millones de personas no acceden al agua potable, 2.600 millones de personas no tienen servicios sanitarios, 842 millones de personas desnutridas, 4 mil niños que mueren por día por no acceder a agua saludable, 1.200 millones de personas no pueden acceder a la electricidad, y dos millones de personas adultas mueren por año por no acceder a agua saludable. Todo ello nos indica cómo la humanidad avanza retrocediendo: generando pobreza y dolor.
Lo más llamativo es cómo se simplifica y se reduce el problema de la desposesión humana a los bienes para la vida, mostrándolo como un problema exclusivamente económico, social e infraestructural. Porque la pobreza es también un problema ambiental. Complejo y diverso. Que no afecta solamente al hombre, no es sólo antrópico, sino que implica a todo el ecosistema. Es biocéntrico. Porque afecta la vida de una de las especies vivientes del ecosistema. Debemos ambientalizar este problema. Debemos en definitiva ver y no sólo mirar, que la escasez artificial de lo indispensable para el hombre, es de lesa ambientalidad. Una gran parte de la humanidad es victimizada por la carencia. El bien común es lesionado, por ende el ambiente en el que vivimos también.
Sin asombro no hay comprensión, sin ésta no hay lo reverencial ante lo nuevo, y lo novedoso es que la indigencia de alimentos y de agua le quita vida a la Tierra.
La pobreza es una imposición, no una elección
El 10 de diciembre de 1948 la Asamblea de la ONU efectuó la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En el 2018 se cumplirán los 70 años de la misma, es nuestra oportunidad para que logremos que la ONU, establezca una resolución de declarar ilegal la pobreza. La convocatoria es para todos, para dar un paso de nosotros por los otros, que somos todos.

http://www.lacapital.com.ar/ed_impresa/2013/11/edicion_1840/contenidos/noticia_5090.html

Share →

Lascia un commento